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Pelicula Argentina

La Ciénaga

La Ciénaga: Dirigida por Lucrecia Martel. Con Mercedes Morán, Graciela Borges, Martín Adjemián, Leonora Balcarce. La vida de dos mujeres y sus familias en un pequeño pueblo de provincias de Salta, Argentina.

Reparto


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Guion

Chéjov en la Argentina contemporánea. Mecha y Gregorio están en su destartalada casa de campo cerca de La Ciénaga con sus hijos adolescentes. Hace calor. Los adultos beben constantemente; Mecha se corta, lo que provoca un viaje al hospital y la visita de su hijo José. Una prima, Tali, trae a sus hijos. Los chicos van por libre, tomando el sol junto a la sucia piscina, bailando en el pueblo, corriendo por el monte con escopetas, conduciendo coches sin carné. Una de las adolescentes ama a Isabel, una sirvienta de la familia acusada constantemente de robar. Madre e hijo, hijo y hermanas, adolescente e Isabel se meten en las camas y los baños del otro con una intimidad espeluznante. Sin que los adultos presten atención, ¿quién está en peligro? -

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Crítica superior7/10 Un buen paso de una cineasta robusta que sabe contraponer lo inexplicable a lo pedestreRegistrada en Salta, la ciudad natal de la directora Lucrecia Martel, enclavada en el altiplano argentino, su ópera prima EL HUMEDAL es un homenaje cinematográfico al lugar y al medio en el que creció, es íntima, húmeda, brumosa y tórpida, un drama sociológico interiorizado que sitúa definitivamente su nombre en el mapa cinematográfico. Las vidas cotidianas de dos hogares se entrelazan, Mecha (Borges) es la matriarca de una familia pequeño burguesa, el marido Gregorio (Adjemián), dos hijas adolescentes Verónica (Balcarce) y Momi (Bertolotto) y un hijo menor Joaquín (Baenas) que ha perdido el ojo derecho y está pendiente de una operación. La mayoría de ellos vegetan en su decrépita finca de campo bajo la influencia del clima húmedo y sofocante, un sanguinario accidente trae de vuelta a su hijo mayor José (Bordeu) para una estancia y las visitas de su prima obrera Tali (Morán), que vive en el pueblo con su marido Rafael (Valenzuela) y una prole de 4 (¿o 5?) hijos menores. ), un rasgo destacado es que Martel desarrolla la historia in medias res y no deja ninguna indicación explicativa, por lo que se deja completamente en manos del espectador la tarea de reconstruir la composición de las dos familias (y otras historias de fondo) a través de su narrativa serpenteante y característicamente alborotada, una tarea que este crítico podría no ser capaz de llevar a cabo al final. Con su cámara, que tiene una movilidad deslizante pero sensiblemente discreta, Martel la dirige hacia sus personajes con una observación clínica, a menudo desde ángulos poco ortodoxos, sin planos fijos, rara vez se centra en las localizaciones exteriores o utiliza planos largos, la cámara es inquieta, pero los personajes están atrapados y enervados dentro de su espacio pobre, sobre todo en sus camas, holgazaneando, sin hacer nada, su estancamiento es contagioso, una metáfora ilustrada con suavidad por un búfalo empantanado sin remedio dentro de un pantano. La trivialidad del día a día se examina de forma microscópica bajo la orquestación perspicaz y sin partituras de Martel, a través de la cual se expone hábilmente el abismo entre las clases y las razas (Mecha contra sus sirvientes amerindios), y el hecho de que la vida de las mujeres es un asunto de gran importancia. sus sirvientes amerindios), el lesbianismo latente (la obsesión de Momi por la joven sirvienta Isabel, interpretada por una robusta Andrea López), la tensión conyugal y el puro desprecio, la mirada religiosa (a través de un falso noticiero de la supuesta manifestación de la Virgen María) y el juego cuasi incestuoso entre José y Véronica, y perteneciente al sesgo femenino de Martel, es él en estado de deshabituación para que los espectadores lo contemplen, Todo ello se integra orgánicamente en este drama discreto pero revelador que denuncia el hastío pandémico de Argentina, hasta el punto de que cuando su detrimento empieza a manifestarse en la tragedia accidental (pero presagiada) que hace caer el telón final, golpea menos como una llamada de atención que como los caprichos diseñados del kismet, un muy buen peldaño de un cineasta robusto que hace un buen puño al contraponer lo inexplicable con lo pedestre. útil-31